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En medio de las risas y testigo del llanto,
oyendo y viendo gentes remotas a mi lado,
en una soledad sin palabras ni gestos,
acaso solo y triste, me doy cuenta, me hablo.
Por este no morirme me estoy muriendo a diario.
Desde mi cuerpo grito noche a noche, me espanto
de que sean mios mis brazos,
de que yo sea mi cuerpo, tan ajeno, tan largo.
El dolor de mi espalda no es mi dolor. ¡Que amargo
el endulzar las horas con libros sabios!
Podria estar aqui si no estuviera
en un hombre sin labios.
Me aproximo a la tinta cuando escribo llorando.
Hace una hora estuve en un Cafe, en la calle,
en un colegio del que mejor no hablo.
Ayer fui al cine. Antier
me quede en mi cuarto.
Todos hacen que viven o que mueren,
yo hago que hago.
Hablo de este dolor y de esta ausencia,
de tu dolor y de tu ausencia es que hablo.
De tu pleito de anoche con tu hermano,
de tu tristeza, huerfano, de tu disgusto, enamorado,
de tu esperanza, pobre, de tu ternura, desgraciado.
Hablo de todo lo que tiene origen
en este estar aqui desesperado
y hablo tambien de lo que no lo tiene
y nos zozobra dentro y nos golpea
como un pajaro ciego enajenado.
Mi sangre es sangre de hombre
y yo no la compre ni la regalo.
Cae gota a gota de mi lengua cuando hablo
porque tengo la lengua en mi quijada
clavada con un clavo.
Pero mi sangre abunda,
viene de todos los desamparados,
de todos los que no esperan nada esperanzados.
Terribles, largos dias, breves años,
sin casa nunca, sin descanso.
El corazon golpeandome en las manos,
los ojos sumergidos en un vaso con noche
sobre el buro, mirando.
Y otra vez el rebelde y el manso.
Y el buscarse entre extraños
que se visten de uno y hablan como uno a ratos.
Quizas yo soy este dolor de muelas
en la cara del diablo.
Detras de todas ventanas vacias
que ven pasar de noche el viejo espanto
yo soy como una vela enmudecida
en las manos de sombra del milagro.
De: Jaime Sabines
Otro recuento de poemas
(1950-1991)